¿Has notado alguna pérdida de orina mientras haces sentadillas, saltos o incluso una clase de yoga? No estás solo ni sola, y sobre todo: tiene solución. La incontinencia urinaria durante el ejercicio físico es mucho más frecuente de lo que se admite, pero en la mayoría de los casos puede tratarse con el enfoque adecuado.
¿Por qué ocurren los escapes durante el ejercicio?
La forma más habitual en el contexto deportivo es la incontinencia urinaria de esfuerzo: se producen pérdidas cuando hay un aumento de la presión intraabdominal —al levantar peso, saltar o mantener una postura exigente— y el suelo pélvico no logra responder a tiempo.
El suelo pélvico es un conjunto de músculos que actúan como soporte de la vejiga y regulan el control urinario. Su función no depende solo de la fuerza, sino también de su capacidad de activarse en el momento correcto y coordinarse con la respiración, el diafragma y la musculatura abdominal.
Cuando esa coordinación falla, aparecen los escapes.
Hombres y mujeres: un problema compartido
Aunque la incontinencia urinaria de esfuerzo es más frecuente en mujeres —especialmente tras embarazos, partos o cambios hormonales—, los hombres también la padecen, en particular después de cirugías prostáticas o con el envejecimiento.
Imaginemos dos situaciones concretas: una mujer de 42 años que lleva años haciendo crossfit y nota escapes al hacer box jumps, o un hombre de 58 años que retoma el entrenamiento de fuerza tras una prostatectomía y pierde el control al agacharse. En ambos casos, el origen suele ser el mismo: una alteración en el control neuromuscular del suelo pélvico, es decir, el sistema nervioso no está gestionando correctamente la activación muscular.
Por eso, en muchos casos no basta con fortalecer: hay que reeducar.
Cómo afecta el tipo de ejercicio
Pilates
El Pilates trabaja el control del core y la estabilidad, pero muchos de sus ejercicios implican aumentos de presión abdominal. Si no existe una correcta activación del suelo pélvico, pueden aparecer pérdidas durante movimientos aparentemente controlados. Además, algunas personas compensan activando en exceso el abdomen sin integrar el suelo pélvico, lo que puede empeorar la situación.
Yoga
Aunque se percibe como una actividad suave, el yoga incluye posturas que requieren equilibrio, control respiratorio y estabilidad interna. Determinadas posiciones generan presión sobre la zona abdominal o implican esfuerzos sostenidos que pueden desencadenar escapes si no hay una respuesta neuromuscular adecuada.
Entrenamiento de fuerza
Es uno de los escenarios más comunes. Levantar peso, hacer sentadillas, saltos o ejercicios de alta intensidad aumenta significativamente la presión intraabdominal. Si el suelo pélvico no responde a tiempo, se producen pérdidas. Esto ocurre tanto en principiantes como en personas con años de entrenamiento.
Ejercicio en piscina
El agua reduce el impacto, pero no elimina la disfunción subyacente. Aunque cambie la carga mecánica, puede persistir la alteración en el control del suelo pélvico. Muchas personas experimentan urgencia o escapes incluso dentro del agua, lo que indica que el problema no desaparece por sí solo con cambiar la modalidad deportiva.
El error más habitual: creer que solo hay que fortalecer
Tradicionalmente, el tratamiento de la incontinencia se ha basado en ejercicios de fortalecimiento como los conocidos ejercicios de Kegel. Sin embargo, en muchos casos este enfoque no es suficiente por sí solo.
¿Por qué? Porque en una parte importante de los casos el problema no reside únicamente en la falta de fuerza, sino en la falta de control. Un músculo puede ser fuerte, pero si no se activa en el momento adecuado o no se coordina con el resto del sistema, el resultado sigue siendo el escape.
Aquí entra en juego la reeducación neuromuscular.
El papel del sistema nervioso
El control de la vejiga y del suelo pélvico depende en gran medida del sistema nervioso. Existen circuitos reflejos que regulan la continencia de forma automática. Cuando estos circuitos no funcionan bien, aparecen síntomas como pérdidas al esfuerzo o dificultad para controlar la micción.
Por eso, una estrategia eficaz suele incluir no solo el trabajo muscular, sino también la mejora de la comunicación entre el cerebro, la vejiga y la musculatura implicada.
Neuromodulación del nervio tibial posterior
Una de las técnicas cada vez más utilizadas en la práctica clínica para mejorar este control es la neuromodulación del nervio tibial posterior. Este nervio, ubicado en la zona del tobillo, está conectado con los centros nerviosos que regulan la vejiga. A través de su estimulación, es posible influir en los circuitos que controlan la continencia urinaria.
Se trata de una técnica no invasiva, segura y con una aplicación clínica creciente en distintos tipos de incontinencia urinaria.
Dentro de este enfoque, existen dispositivos diseñados específicamente para facilitar este tipo de estimulación en el domicilio o en el contexto de la rehabilitación. Uno de ellos es el Tens NMS60, una herramienta orientada al abordaje del componente neuromuscular de la incontinencia. Se aplica desde el tobillo, sin técnicas internas, y puede usarse tanto en hombres como en mujeres como complemento al trabajo terapéutico del suelo pélvico.
Quienes incorporan este tipo de abordaje combinado suelen referir una reducción progresiva de los escapes, mayor sensación de control y más seguridad durante el entrenamiento.
El enfoque que funciona: ejercicio + reeducación neuromuscular
La respuesta a la incontinencia en el deporte no es dejar de entrenar. Es entrenar de forma más inteligente.
Combinar una correcta técnica respiratoria y postural con un trabajo específico del suelo pélvico y, cuando esté indicado, con herramientas de neuromodulación como el Tens NMS60, permite abordar el problema desde distintos ángulos: el muscular, el neurológico y el funcional.
El objetivo no es solo reducir los escapes, sino recuperar la confianza para moverse sin limitaciones.
En resumen, la incontinencia urinaria durante el ejercicio no es normal ni inevitable. Es una señal de que el sistema de control del suelo pélvico necesita atención.
En muchos casos, uno de los pilares fundamentales del abordaje es mejorar el control neuromuscular, no solo la fuerza. Y para eso existen hoy opciones terapéuticas concretas, accesibles y con respaldo clínico creciente.
Si reconoces esta situación en tu día a día, no lo normalices. Consúltalo con un profesional especializado en suelo pélvico y descubre si la neuromodulación puede ser parte de tu solución.
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